JOQUICINGO Y OCUILAN: SU RECUPERACIÓN TRAS EL SISMO DEL 19S

Greta Díaz GV.

 Vivimos una pesadilla todo este tiempo, pero gracias a Dios, vamos saliendo. Gracias a mis hijos, a personitas que nos ayudaron, gracias a nuestro trabajo

Ha pasado un año del sismo del 19 de septiembre de 2017. Doña Dolores Barrera Orihuela, quien vive en el municipio de Joquicingo, Estado de México, afirma que lo que más le duele es haber perdido todos los recuerdos de esa casa, la losa que le fue heredada y los recuerdos familiares.

Hace 365 días su casa se colapsó arruinando todo lo que estaba dentro de ella. Don Tomás Urbina Rico relata que no hubo tiempo para rescatar muebles, ropa o artículos, todos los objetos de sus vidas se fueron en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, tras 10 meses de construcción y con apoyo de 120 mil pesos por parte de las autoridades estatales y federales, así como de dinero de remesas enviadas por sus hijos, Don Tomás y su esposa levantaron su nuevo hogar.

Los recuerdos siguen existiendo. Ahora es distinto, la construcción fue a nuestro gusto, le dijimos al arquitecto las necesidades que tenemos y fue distinta la construcción

Don Tomás afirma que la ayuda llegó inmediatamente, tanto la económica como la mano de obra. La familia perdió la cuenta del costo total de la vivienda, sin embargo calculan un gasto de alrededor de un millón 200 mil pesos.

Pero no todos los habitantes del pueblo mexiquense corrieron con la misma suerte.

FALTA DE APOYO

A diferencia de la familia Urbina Barrera, que recibió el apoyo monetario en octubre de 2017, su vecina Yolanda Mendoza Martínez contó sólo con una parte de la ayuda hasta junio de 2018.

Espero en Dios que me salga todo mi apoyo. En efectivo sólo 15 mil pesos y 40 en material, espero que me lo den pronto porque el albañil ya me está carrereando, en primera por su paga, en segunda por el material. Esperemos que ahora sí no le pare yo a mi casita

Levantarse de los escombros no es nada fácil, construir un hogar nuevamente, tampoco. De acuerdo con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, el costo promedio de una casa es de 780 mil pesos. Por otro lado, de agosto a 2017 al mismo mes de 2018, el precio de las varillas subió 37 por ciento y del alambre 34 por ciento.

Pero lo monetario no lo es todo. Doña Yola, sus hijos y nietos, vivían en el mismo edificio de tres pisos, tras el sismo, la casa tuvo que ser demolida. Desde entonces no han vuelto a vivir todos juntos. El sismo no solo destruyó sus sueños, también alejó a su familia.

A mí sí me afectó, muchísimo, más que nada lo moral. Somos una familia bien unida, que ahora, desgraciadamente, ya cada quien agarró por su lado. Tengo 10 nietos, entonces a veces ya no los veo. Estamos en una casa prestada que no está en condiciones, ni nada que se parezca a un hogar. Póngale que la casa sí (Es importante)

ESCUELAS E IGLESIAS AL AIRE LIBRE

Durante todo el año, las oraciones y rezos no han cesado, sin embargo, no hay iglesias a las cuales asistir. Los creyentes mexiquenses acuden a misa en espacios improvisados. Tanto en Joquicingo como en Ocuilan las capillas se derrumbaron con el movimiento telúrico, a un lado de los escombros hay carpas con hileras de bancas y, al final, atrios improvisados, pues la fe es lo que los mantiene de pie.

No nos han dado razón de la reconstrucción de la iglesia

Las escuelas no se encuentran en mejores condiciones. Han pasado 365 días y la primaria oficial ‘Lázaro Cárdenas’, en el municipio de Ocuilan, imparte clases en aulas provisionales. Niños y niñas juegan en la tierra, espacio que comparten con los perros callejeros del municipio.

Donde antes había una cancha de fútbol, ahora se vislumbra una plancha de cemento y dos hileras de salones de madera. La asociación de madres y padres de familia está en desconcierto, pues tienen prohibido construir en ese espacio, ya que es propiedad federal.

 El INAH nos prestó este espacio, pero sabemos que no podemos perforar porque es patrimonio del INAH

Aunado a esto, la incertidumbre de los padres aumenta, ya que las autoridades afirman que habrá una nueva escuela, lo que no han dicho es cuándo.

Sabemos que ya hay un terreno, pero no sabemos cuándo se va a construir, todavía se tiene que donar el terreno

ESTAFAS: NO TODOS QUERÍAN AYUDAR

La casa de la familia de Amparo Solano Guadarrama tuvo fuertes afectaciones, por lo que los cinco integrantes tuvieron que vivir en un albergue durante seis meses.

Ha sido un año de mucha prueba, de mucha carestía. La casa tronaba, mi esposo la apuntaló, y decíamos, sí se nos va a venir la casa encima. Vivíamos en el albergue, mis niñas no querían estar ahí

Mientras que el primer censo de las autoridades estatales confirmó que el hogar de Amparo era pérdida total, el segundo señaló que era parcial. Tenían de dos, o tiraban su casa y recibían 120 mil pesos o reforzaban la estructura con un apoyo de 15 mil. Ella y su esposo juntaron los pocos ahorros que tenían y decidieron fortalecer su hogar con columnas. Pero no contaban con que serían estafados.

Yo siento que fue un engaño, trajo impermeables para arriba, pero mi cuñada y suegra dijeron que es basura porque se ve que lo trajo de otro lado, nunca lo colocó

APRENDIZAJES

Tras un año del sismo del 19 de septiembre, todavía no hay una sola cuadra en el centro de Joquicingo en la que se haya completado la rehabilitación de las viviendas. Donde antes había casas de adobe, ahora hay terrenos baldíos o casas modestas de cemento. En algunas paredes todavía se pueden leer frases como “Peligro” o “Esta propiedad está en proceso de dictamen”. Donde antes había color ahora todo es gris.

Ventura Álvarez Flores, quien perdió todas sus pertenencias, asegura que las cosas materiales se recuperan, los recuerdos regeneran. En el terreno donde antes estaba su casa de más de 100 años de antigüedad, ahora hay dos casas provisionales de madera. A pesar de haber vivido un año de frío y lluvias, ella destaca los aprendizajes.

Esta vivencia nos dejó aprendizajes. Vimos que todos somos humanos

Material de construcción inunda las banquetas de Ocuilan y Joquicingo, es como un recordatorio de lo que ha vivido la población; pero sobre todo, de lo que necesitan: ladrillos para tener fuerza, cemento para mantenerse juntos y varillas para seguir de pie.

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