AZUARA SALAS: MEMORIA E IDENTIDAD INSTITUTENSE

Daniela Sandoval.


En su celular selecciona una pieza de música clásica y se acomoda en una pequeña sala. Con el cabello totalmente blanco y a sus 89 años, el ex institutense Tomás Ismael Azuara Salas recuerda cómo fue testigo de los movimientos pro autonomía del entonces Instituto Científico y Literario, predecesor de la Universidad Autónoma del Estado de México.

En 1940 yo iba en quinto año de primaria y mis hermanos estaban en secundaria y preparatoria. Ellos inician una huelga con un grupo grande de alumnos la solicitud porque se les niega por segunda vez. Había habido otra gesta varios años antes porque este movimiento se inició a fines del 39 y principios de los 40, pero parece ser que a principios de los años 30 hubo algún movimiento en el que se solicitaba la autonomía del instituto

Con una larga trayectoria en el ámbito de la medicina que inició en los últimos años de la década de los 40’s en la Universidad Nacional Autónoma de México, Ismael Azuara aún evoca los recuerdos de su infancia.

Sus hermanos, Juan y Enrique, tomaron la batuta en la lucha por la autonomía, luego de que en los años 30 la comunidad institutense hubiera hecho esta solicitud al entonces gobernador del Estado de México, Wenceslao Labra, sin obtener éxito.

Esas fechas a mí no se me olvidan porque yo ya participaba en algunas cosas porque había juntas en la casa, iban muchos estudiantes, algunos eran compañeros nuestros. Estaba involucrada toda mi familia, sobre todo mis dos hermanos mayores. Esto yo lo viví, yo tenía 10 años pero tengo memoria de esos años porque yo vi sufrir a mi familia mucho y yo lo sufría junto con ellos

Aunque era aún muy pequeño en aquella época, el hermano menor de los Azuara Salas ya era un observador de cómo se gestaba esta lucha estudiantil.

Estas enseñanzas lo habrían inspirado en años posteriores a ser partícipe de otras luchas sociales a nivel nacional como fue el caso del Movimiento Médico en México de 1964 que demandaba mejoras salariales y de las condiciones de trabajo para este sector.

Yo creo que todo individuo en un país libre tiene derecho a manifestarse y expresarse y a solicitar determinados servicios al gobierno el cual está comprometido a dar

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Parte de los años 30 en México se caracterizaron por los brotes de políticos militares, por lo que la disidencia del Instituto representaba un problema para el entonces ejecutivo estatal.
Sin embargo, la pugna pro autonomía seguía cobrando más fuerza hasta alcanzar los primeros meses de la década siguiente.

Ismael Azuara, aún con asombro, recuerda cómo el gobierno estatal tomó medidas represivas contra los alumnos que insistían en el tema de la autonomía, formando grupos detractores cuyo objetivo era debilitar este movimiento.

Era una época en la que no se entendía lo que significaba la autonomía para una institución tan importante, sobre todo educativa como esa. Era ignorancia, porque además Wenceslao Labra era militar, no era un estadista. Con Labra mis hermanos se pelearon directamente, hubo destitución de alumnos, casi 100, que en el año de 1940 los expulsan del instituto mandándoles su orden de expulsión el día 10 de mayo. Entonces nosotros nos tenemos que ir a vivir a México. Curso la segunda parte del quinto año de primaria ya en la Ciudad de México, termino y ya nos venimos (de vuelta) a vivir a Toluca

Jubilado de su profesión, pero aún con una memoria lúcida, el ex institutense describe con aires de alegría y nostalgia la participación activa de sus hermanos mayores para alcanzar sus ideales y, con ello, abrir paso a la posibilidad de que la institución gozara de independencia del Estado.

Pero el espíritu combativo y la ideología de libertad de los hermanos Azuara Salas no eran fortuitos, fueron producto de una tradición familiar.

Mi padre fue institutense en San Luis Potosí, él estudió en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí que es un instituto gemelo de este instituto, mis hermanos fueron institutense y yo siempre quise serlo y fui institutense

 

Para no perder sus estudios, los hermanos Azuara Salas continuaron en la Universidad Nacional, tras su salida del Instituto Literario.

Por su parte, Ismael Azuara mantuvo su distancia de la institución, ante las posibles represalias que podrían tomar las autoridades estatales en contra de los huelguistas.

Aunque en ese momento ninguno de los hermanos Azuara Salas pertenecía ya al instituto, el intento por lograr la autonomía siguió adelante. Para finales de 1943, los movimientos y huelgas de la comunidad institutense estaban por rendir frutos.

Las transformaciones políticas y sociales que se gestaban en el contexto local lo harían posible.

Entonces para evitar eso busco otra opción, la otra opción que encontré fue estudiar en la Escuela Normal para profesores. Entonces 42 y 43 los cursé ahí. Terminando yo la secundaria se suscita a fin de año otro movimiento para solicitar la autonomía del instituto y entonces recién había entrado Isidro Fabela

Considerado por Ismael Azuara, así como por integrantes de la comunidad institutense como un intelectual, la llegada de Isidro Fabela Alfaro al poder ejecutivo de la entidad vislumbraba un escenario próspero para lograr la autonomía.

La ley orgánica por la que se le concedió la autonomía al Instituto Científico y Literario del Estado de México fue aprobada el 31 de diciembre de 1943.

Significaba el desprenderse de la Secretaría de Educación y que el propio instituto manejara su propio presupuesto y que se manejara con su consejo para nombrar a sus maestros y hacer los programas educacionales de acuerdo al consejo y no al capricho de la secretaría

Con esta conquista, las huelgas cesaron y unos meses después de haberse consumado de manera oficial la conformación del Instituto Científico Literario Autónomo del Estado de México, la dirección recaería bajo el mando de Adolfo López Mateos.

Ismael Azuara por fin logró ingresar al Instituto en 1944 para cursar sus estudios de preparatoria y posteriormente comenzar con su formación como médico en la UNAM.

Alude a sus estancia en la institución mexiquense en como una época que propició el reconocimiento de la institución más allá del Estado a través de actividades integrales y progresistas.

El que suavizó todo y puso todo tranquilo y amable fue el licenciado López Mateos. Fue una época maravillosa porque el director quería a la juventud y protegía al estudiantado

Sin embargo, refiere que a pesar de haberse ganado la autonomía, para 1946, un año antes de concluir sus estudios, los documentos oficiales de la institución no daban cuenta del cambio de nombre del Instituto.

Esta es mi credencial, en 1946 cuando yo ingreso al Instituto, donde (todavía) es Instituto Científico y Literario y quien lo avala es Adolfo López Mateos

 

La transformación del Instituto fue muy lenta y tomó varios años. Aunque la ley del ICLA entró en vigor 15 días después de su aprobación, es decir, el 15 de enero de 1944, el proceso de unificación de todas las escuelas que conformaban la institución fue paulatina.

Sin embargo, tanto el Estatuto Universitario de la ahora Universidad Autónoma del Estado de México como la Gaceta Oficial del gobierno estatal son testigos de la conquista de la demanda institutense que, tras varios años de lucha y pese a los intentos de represión, es reconocida hasta nuestros días dejando un gran legado en el pensamiento libre de ex integrantes de esta comunidad como Ismael Azuara Salas.

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