Brecha de género en los monumentos de Toluca

Greta Díaz GV.

Toluca tiene un vigía permanente, Adolfo López Mateos lo observa todo desde lo alto del Cerro de Coatepec. A unas cuantas cuadras Cristóbal Colón se erige sobre el mundo. En el centro de la ciudad, José María Morelos monta un caballo que se levanta sobre sus patas traseras; frente a él, escondida bajo los árboles de la Plaza González Arratia se encuentra Leona Vicario. En la capital mexiquense, sólo uno de cada diez monumentos es una mujer con nombre y apellido.

Las calles, parques y jardines de Toluca están plagados de monumentos y esculturas que guardan pasajes de nuestra historia. A pesar de que muchas veces los pasamos de largo, se mantienen en nuestra memoria ya que son permanentes, así lo menciona la artista e investigadora de la Universidad de Málaga, España, Elo Vega.

Una de las características más significativas de un monumento es el material con el que están hechos: piedra, bronce, mármol. Un tipo de soporte que aspira a garantizarle su permanencia en el tiempo. Y es que no sabemos quiénes son esos personajes. Están hechas para durar más que la propia memoria de los personajes y de los hechos que están honrando. Es decir, lo que aspiran es a crear una especie de continuidad de determinadas ideas a lo largo del tiempo. Como un monumento que subraya y ratifica la ideología dominante. Las estatuas tienen ciertas características como la permanencia en el tiempo, tal vez no sabemos quiénes son pero están hechas para durar más que la propia memoria

Estas estatuas y monumentos no se limitan a ser grandes objetos de diversos materiales. Especialistas coinciden en que son representaciones de quién merece reconocimiento y quién no. Al igual que el arte, cuentan historias. El investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), Juan Carlos Ayala Perdomo, menciona que estas historias han sido contadas desde la mirada de los hombres.

Desde la disposición de los espacios públicos hay un predominio de la mirada masculina. Cada sociedad, cada cultura utiliza los espacios públicos para dejar señales de lo que le parece relevante, de lo que le define en términos de identidad. Entonces, la distribución de esculturas en espacios como plazas, jardines o las que están en los espacios de instituciones públicas nos deja ver una lectura dominada por la figura masculina, más que por la femenina.

ESPACIO PÚBLICO MASCULINIZADO

No cabe duda que los hombres son más reconocidos que las mujeres, los números lo confirman. De acuerdo con datos del Ayuntamiento de Toluca, al 2019, el municipio tenía a su cargo 69 monumentos. A estos habría que sumar los de otras instituciones que se encuentran en el espacio público, como es el caso de la Juventud y Senectud afuera del edificio de Rectoría de la UAEM. Del total de esculturas y monumentos en la ciudad, más del 70 por ciento representan a un hombre.

El cronista de Toluca, Gerardo Novo Valencia, afirma que esto se debe a que el papel de las mujeres en la historia ha sido invisibilizado. Además, investigadoras de la UAEM señalan que históricamente el espacio público ha sido masculino. América Luna Martínez, Investigadora de la facultad de Humanidades de la UAEM, lo explica.

¿Qué quiere decir la concepción patriarcal del espacio público? Desde épocas ancestrales, la calle es el espacio de los varones. Ellos quieren una autorepresentación de sus hazañas militares, intelectuales, políticas. Entonces ¿cómo quieres que en el espacio público que se ha considerado el lugar privilegiado de varones haya estatuas de mujeres? No las puede haber. Por lo general, quienes hacen las esculturas son los varones. Esa es la situación. El género se reconstruye en su representación

En la capital mexiquense de 54 estatuas de hombres, sólo 5 carecen de nombre y apellido. Las que representan a hombres en la historia, lo hacen plasmándolos como héroes de la patria. Inclusive, algunos de ellos, como José María Morelos, tienen más de un monumento, uno en el centro histórico y otro en la colonia que lleva su nombre.

Estas estructuras de piedra, cemento o metal se convierten en un reforzamiento del deber ser, esto de acuerdo a Rocío Álvarez Miranda, especialista en género de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEM.

En los hombres vemos regularmente el papel del héroe que tiene que ver con valores asociados con la masculinidad, como la valentía, racionalidad, del hombre excelso y del patriarcado. La forma de organización patriarcal en donde vemos un padre de la patria, donde vemos héroes de la patria, empiezan a tener una función mítica reivindicante pero también arquetípica de lo que se espera de los varones como expectativa, pero también de un referente humano. Ya no de género sino humano. Porque admiramos eso que está en la estatua

DIFERENCIAS ESTATUAS HOMBRES Y MUJERES

A un lado de la catedral de Toluca vemos a Fray Andrés de Castro guiando un niño y un hombre indígena. En Isidro Fabela nos encontramos con un enorme monumento a Benito Juárez. En otra zona de la ciudad, destaca un musculoso Venustiano Carranza posando sobre la constitución de 1917. El investigador de la UAEM, Juan Carlos Ayala Perdomo, reflexiona que los hombres son representados en las estatuas con aires de poder y perfección.

Incluso los monumentos con figuras masculinas que permanecen en el anonimato siguen representados como autoridad. Tal es el caso del Monumento al Maestro o el Monumento a la Bandera, donde un campesino voltea hacia arriba como una forma de proteger la patria.

En las esculturas con cuerpos femeninos no sucede lo mismo. La primera diferencia que destacan las y los investigadores es el tamaño de estas obras de arte, pues tienden a ser más discretas. Un claro ejemplo es la alpinista María del Carmen Peña Monroy, que no mide más de 80 centímetros. Aunado a esto, las posturas y la estética son distintas. Álvarez Miranda lo confirma.

Los estereotipos en el arte tiene que ver con la maternidad, el erotismo y la cuestión mítica. A las mujeres las vamos a ver hipersexualizadas dentro de la mirada del que percibe. Los estereotipos es la mujer erótica pero sumisa. Es una mirada hacia abajo, en signo de sumisión, de una aparente inocencia o permisividad para ser tocadas u observadas. Porque las expectativas son más alineadas a los valores y la configuración de lo masculino. Y a las mujeres nos dejan al margen, porque entonces queremos ser bellas, queremos ser deseadas, queremos estar o respondemos en nuestra estética a la mirada del otro. Las obras artísticas de las mujeres son reflejo de las expectativas que se generan de las mujeres. Por eso para las mujeres es tan importante la belleza y no así para los hombres. Para los hombres es importante la perfección, no la belleza

La especialista española Elo Vega destaca que estas características contaminan el concepto de feminidad y reproducen la idea de las mujeres como objeto para contemplar. Por otro lado, las investigadoras también consideran que es más común ver a mujeres anónimas. Sin nombre ni apellido, la justicia resguarda la Fiscalía de Justicia del Estado. Las representaciones de la autonomía o la madre también carecen de identidad.

Pero en Toluca no todas las estatuas de mujeres son anónimas. De los 15 monumentos con cuerpos femeninos, 8 son personajes históricos. Sobre la calle Villada se encuentra Teresa de Calcuta caminando con un adulto mayor. En la Alameda Central, opacada por Cuauhtémoc hay un busto de Remedios Albertina Ezeta.

Elo Vega señala que normalmente las estatuas de mujeres en la historia se colocan debido a logros desde una perspectiva androcéntrica, es decir, de los hombres.

Las mujeres históricas van a ser representadas siempre partiendo de la cultura patriarcal. Va a ser muy habitual que nos encontremos con monumentos partiendo de la primera mujer que hizo algo, siempre que hizo una cosa que hasta entonces habían hecho los hombres. Al concederse el valor o exaltar determinadas actitudes, lo que se está excluyendo es el valor de la división patriarcal que se le ha concedido ese lugar a las mujeres. Es decir, las cosas dignas de ser reconocidas son las cosas que hacen los hombres. Y si hay alguna mujer que hace esa cosa de hombres, son las reconocidas. Y eso lo que significa es una consagración de la devaluación tradicional de que cualquier trabajo que se le ha asignado a las mujeres

VIOLENCIA SIMBÓLICA DE GÉNERO

Las estatuas, al igual que los comerciales y programas de televisión, son un producto cultural. Las investigadoras destacan que al ser concebidos en sociedades patriarcales, refuerzan los roles de género de manera inconsciente.

Las estatuas son modelos arquetípicos, incuestionables. Las expectativas de vida generan proyectos de vida. Si las niñas tienen esas pedagogías visuales y de percepción y los niños también, la diferencia entre las expectativas va a estar atendida por esta cuestión del arte. A veces pensamos que la estética y la plástica tiene que ver únicamente con una cuestión abstracta, y no. Porque moldea este sentido de percepciones, puede funcionar como una forma de reforzamiento de los roles y estereotipos, pero también generar expectativas. Entonces sí, los niños y las niñas aprenden de manera diferenciada que lo que van a ser y lo que son tiene diferentes valoraciones y diferentes formas de reconocimiento

Las especialistas concuerdan en que esta representación permanente de hombres y mujeres conlleva una violencia simbólica de género. De acuerdo con Dalila García Hernández, investigadora de la Facultad de Antropología de la UAEM, esto implica que limitan el desarrollo de las nuevas generaciones, sobre todo de las niñas.

Hace sentir a la niña “yo sólo voy a resaltar si soy novia de, esposa de, o hermana de”. Ahí les van colocando un freno, un techo de cristal, donde te va limitando y dicen “no voy a poder serlo porque no soy hombre”. Esa es una vieja escuela que nos va a costar mucho quitarlo pero depende de nosotros. Hacer ver a niños y niñas que son tan ilustres, poderosas o tan importantes como un hombre lo fue en su momento con la independencia o con la revolución, que son los monumentos que más destacan en la Ciudad de Toluca

De acuerdo con las especialistas, esta violencia simbólica refuerza la idea de que el espacio público pertenece a los hombres. Por otro lado, se refuerzan referentes de género de décadas atrás. Tomemos en cuenta que algunos monumentos, como el de la bandera, fueron instalados a inicios del siglo pasado. Se reproducen las ideas de que los hombres son héroes de la patria y las mujeres solo son dignas de reconocimiento si son bellas, madres o tienen logros del género opuesto.

PROPUESTAS ANTE EL PROBLEMA

Para disminuir este impacto y generar nuevos paradigmas, las investigadoras resaltan que es necesario cambiar la concepción de estos monumentos.

Primero, el planteamiento de una nueva feminidad, una feminidad no subordinada, de esas cualidades de igualdad, esas cualidades que tenemos como mujeres y el potencial que tenemos como mujeres y como seres humanos, más de la etiqueta de ser mujer. No sólo el papel de las mártires

Por otro lado, en otras partes del mundo se está tomando acción al respecto. Tal es el caso de Nueva York, donde se integró el colectivo “She built NYC”. Esta agrupación busca resaltar a diversas mujeres mediante estatuas nuevas.

Tanto el cronista de Toluca, como las investigadoras de la UAEM sugieren que es necesario que en las ciudades mexicanas también instalen más monumentos de mujeres con nombre y apellido.

Lo primero es hacer biografía, quiénes fueron qué hicieron. Un segundo paso, reconocerles públicamente mediante monumentos que son formas prácticas y directas de ilustrar. La gente pasa y ve una placa, un monumento y es una forma de enterarse quienes fueron y por qué están ahí

Otro caso es la Ciudad de San Francisco, donde se instauró una política pública que busca que en 2020 al menos 30 por ciento de las estatuas o monumentos de la ciudad sean en representación de mujeres con nombre y apellido.

Sin embargo, hay más de una propuesta en este ámbito, Elo Vega sugiere que las estatuas y monumentos son representaciones pasadas de moda. Artistas como ella proponen movimientos distintos para cuestionar a quién estamos reconociendo y de qué manera. Menciona que tal es el caso del monumento a la madre en Ciudad de México que ha sido intervenido, cambiando el sentido de este.

Una intervención que siempre pongo de ejemplo es el monumento a la madre en Ciudad de México. Tenía una placa cuando se inauguró en los años 50, decía “a la que nos amó antes de conocernos”. Durante muchísimos años los grupos feministas mexicanos le colocaron una placa. En principio era una escisión, después consiguieron hacerla oficial, pero siempre la retiraban. Y ahora la institución la ha hecho suya y combina las dos placas ahora. La segunda es “Porque su maternidad fue voluntaria”. Es muy interesante porque fueron años de lucha de los movimientos feministas mexicanos para darle un giro a ese monumento

Ya sea aumentando el número de mujeres o interviniendo el espacio público, las mujeres deben tener mayor representación social. Las investigadoras de la UAEM y España concuerdan en que los cuestionamientos deben elaborarse desde diversas disciplinas: antropología, comunicación, sociología y arte. Porque a pesar de que los monumentos y estatuas están hechos en materiales permanentes, deben cambiar junto con la sociedad.

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